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La Terapia Craneosacral Biodinámica: Accediendo a la memoria de los tejidos

Todos hemos tenido experiencias que nos han marcado en la vida. Algunas nos han ayudado a crecer y a madurar y otras nos han hecho un daño muy profundo. Aquellas experiencias dolorosas durante las cuales no hemos podido reaccionar nos han dejado una profunda huella traumática a todos los niveles que nos acompaña durante el resto de nuestras vidas. A través de la Terapia CraneoSacral Biodinámica podemos liberarnos de esta información dañina.

 

Allá por 1.988, en plena crisis de identidad, me hablaron de una técnica: Terapia CraneoSacral. Apenas conocida por entonces, nadie me sabía dar referencias sobre ella. Tras mucho buscar encontré una escuela en Madrid, Planet Art, donde se impartían cursos de esta terapia. Y fui a ver. En una casa vetusta cerca de la castiza Plaza Mayor, dos mujeres, artistas, creativas, divertidas y enamoradas de esta terapia habían creado una escuelita en la que enseñaban. Las conocí un poco y decidí apuntarme a uno de sus  cursos.

El sábado por la mañana nos reunimos en la escuela doce personas, curiosas, abiertas a lo nuevo y expectantes por lo que nos iban a contar. Nos explicaron un poco de esta terapia y cómo actúa sobre el sistema CraneoSacral del organismo: los huesos de la cabeza y las membranas del cuerpo tienen micromovimientos involuntarios y autónomos, dentro del cráneo y a lo largo de la médula espinal circula un líquido que envuelve, nutre y protege todo el sistema nervioso, este líquido se mueve arriba y abajo a lo largo de la columna con un ritmo pausado y continuo, tenemos un tejido en el cuerpo, llamado fascia, que guarda la memoria de todo lo que nos ha sucedido en la vida y es como nuestro “Diario” en el que tenemos toda nuestras historia registrada…..en fin, mucha información nueva y sorprendente. Y nos plantean ponernos a practicar en parejas, tumbados en una camilla.

Así que se tumba mi compañera y me dispongo a tocarla con esta nueva información, con agradecimiento por que me deje tocarla y con respeto. Y, efectivamente, percibo movimientos involuntarios de su cuerpo, casi imperceptibles, pero de una intensidad innegable. Mi compañera se va relajando poco a poco hasta quedarse casi dormida. Cuando terminamos me dice que se siente muy tranquila y muy bien. Y hacemos el cambio, tumbándome yo.

Empezamos y poco a poco me voy relajando, sintiéndome a gusto, bien. Cuando mi compañera llegó a la zona del pecho empezaron a cambiar las cosas. Poco a poco empecé a percibir en mis oídos algo lejano, como metálico y  zumbón. Como voces hablando lejos. Empecé a percibir mucho frío, miedo y un dolor intenso en la zona del pecho. No sabía lo que estaba pasando y mi compañera se asustó y llamó a las profesoras.  Con la paciencia y la experiencia  de estas personas poco a poco fue remitiendo y terminaron la sesión, sintiéndome muy aliviada y como más ligera. Pero no sabía qué había pasado.

Al reunirnos a comentar y, al explicar mi experiencia descubrí muchas cosas. A mí me habían operado a corazón abierto hacía 10 años. Durante más de diez horas, con mi cuerpo congelado y conectado a una máquina que hacía las funciones de corazón, habían sacado mi corazón a una mesa de operaciones y habían cortado tejidos, puesto parches… y mi cuerpo había guardado esa experiencia. Pese a estar anestesiada durante la operación mi sistema nervioso había registrado todo, las conversaciones de los cirujanos, el frío de la camilla metálica, el dolor en el pecho al ser cortado con el bisturí y la sierra, mi corazón fuera de mi cuerpo, mi miedo a morir….todo. Y, 10 años más tarde, en la camilla de esta escuelita, percibiendo mi cuerpo con esta consciencia de la terapia CraneoSacral, todo se había despertado y recordado.

Pude terminar el curso profundamente conmovida, sabiendo que había encontrado algo que había perdido, la conciencia de aquellos momentos en los que me habían operado. Me sometí a un tratamiento de terapia CraneoSacral y, durante ese periodo se operaron grandes cambios en mi, a todos los niveles: emocionales, físicos, mentales…y hasta espirituales. Físicamente, al haber abierto mi corazón por ocho zonas, el pericardio estaba muy inflamado y, periódicamente, tenía crisis de pericarditis, con fiebre alta y mucho dolor en todo el tórax. Emocionalmente el miedo a la muerte me obsesionaba y vivía en temor constante. También tenía un patrón de comportamiento con respecto a la enfermedad basado en el beneficio secundario: a través de mis dolencias cardiacas manipulaba todo mi entorno, a mis padres, a mi marido. Era una tirana, sin darme cuenta utilizaba mi enfermedad para conseguir mis propósitos: a la menor contrariedad me ponía enferma y así conseguía que mi marido o mis padres cedieran a mis deseos. Todo esto, a lo largo de las sesiones de terapia, fue resolviéndose. Desapareció mi necesidad de manipular a los demás para conseguir mis propósitos, y con ello desapareció la necesidad de tener que enfermar de pericarditis. Al sentirme más sana mi miedo a morir fue mitigándose hasta casi desaparecer.

¿Qué había sucedido durante las sesiones? En la fascia del organismo, que es un tejido que envuelve todos los órganos, los paquetes musculares y los huesos, se grava la información de todo lo que nos ha sucedido. Cada vez que tenemos un shock emocional, un traumatismo o tensión nerviosa mantenida  se van creando arrugas en este tejido. Arrugas que, al desplegarse durante las sesiones de terapia CraneoSacral, dejan salir la información de lo que las creó. Y al dejar salir esta información suceden varias cosas simultáneamente: físicamente esa fascia está más saludable y puede tener más movilidad y permitir el paso de la sangre, la linfa, la información nerviosa y energética. El órgano que envuelve esa fascia se sana así. Emocionalmente se van drenando los sentimientos, emociones y sensaciones dolorosas e incómodas. Mentalmente vamos dándonos cuenta de nuestros patrones de comportamiento y tenemos la oportunidad de modificarlos, si es nuestro deseo.

La Terapia CraneoSacral tiene esta capacidad de poner en marcha todo este mecanismo de reorganización en el cuerpo.

Cuando me encontré mejor, a los pocos meses, empecé a estudiar apasionadamente todo lo relativo a esta terapia que podía encontrar. Me formé en distintas escuelas a lo largo de España, y fui haciendo cada vez más sutil y más profundo este tipo de terapia. Y, en mi afán de conocer, contacté con una ligera variación en esta terapia: la Terapia CraneoSacral Biodinámica. Esta terapia es, si cabe, más sutil, más respetuosa y más profunda. Y con esta terapia llevo trabajando muchos años en mi consulta. Por mis manos han pasado gente de todo tipo con traumas de todo tipo. Y a prácticamente a todas les ha servido para tener más salud, más consciencia y para tener la fuerza suficiente para hacer cambios en sus vidas.

Las personas traumatizadas son incapaces de superar la ansiedad y los variados síntomas que les causa el trauma, permanecen vencidas por él y les resulta muy difícil continuar con su vida normal. Los síntomas pueden ser de toda índole, como ataques de pánico, pasando por respuestas emocionales exageradas, mareos, pérdida de visión, de audición, miedos disparados, insomnio, cambios bruscos de humor, llanto frecuente, enfermedades psicosomáticas… y un largo etcétera.

Hasta que llegan, cargados con todo estos síntomas que evidencian un Desorden de Estrés Postraumático, a la consulta de un terapeuta

Allí van a encontrar un espacio seguro en el que manifestar sus síntomas, y herramientas que le van a ayudar a tener más recursos para enfrentar y resolver ese Desorden de Estrés Postraumático, espacio para poder manifestar sus sensaciones físicas y sus emociones, de manera que el cúmulo de información retenida en el sistema nervioso durante el incidente traumático pueda ir drenándose paulatinamente, hasta que ya no atraiga su atención, pudiendo incorporarse a la vida más saludablemente.

El terapeuta, con un contacto muy ligero y respetuoso de sus manos sobre el cuerpo del paciente va percibiendo estas arrugas de la fascia, estos bloqueos físicos, energéticos y emocionales y, mediante suaves y respetuosas manipulaciones va reintegrando la salud. El resultado es una sensación de unidad, salud y liberación de síntomas, que ya no necesitan estar ahí para llamar nuestra atención. Y entonces nuestra atención puede concentrarse en nuestra vida para vivirla como merecemos: de forma plena.

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La terapia craneosacral biodinamica

Hace unos días, en la consulta Rosa, una paciente me comentaba: estoy más tranquila. Hace un par de meses no me tomaba las cosas con esta tranquilidad. Mi hijo adolescente me intenta provocar y no me altero. Tengo problemas en el trabajo y ya no me afectan como antes, es más, tranquilizo a la gente que está a mí alrededor. Duermo profundamente, la relación con mi marido ha mejorado mucho, estoy con más energía y los amigos de dicen que me ven más contenta. ¿Qué ha pasado?

Rosa llegó hace dos meses a la consulta presentando un cuadro de simpaticotonía importante, es decir, su sistema nervioso simpático, el acelerador del cuerpo, estaba muy activo y esto la llevaba a estar siempre ansiosa, a reaccionar ante la menor provocación,   buscar conflictos en su relación de pareja y en el trabajo, no dormir bien, no tener energía, estar siempre malhumorada y cansada.

Este es el cuadro habitual de estrés. Básicamente reaccionamos de manera primaria ante una situación estresante, como mamíferos que somos. No somos muy distintos, físicamente hablando, de los hombres prehistóricos. Ante una situación que nos genera estrés, las glándulas suprarrenales empiezan a segregar adrenalina. Esta nos prepara para luchar o huir. La sangre se acumula en brazos y piernas para tener fuerza para pelear  o correr. Pero se va de los órganos internos por si hay una pelea y se produce una herida, para que no sangren. El corazón bombea más rápido. La respiración es más superficial y se acelera. Cuando un hombre prehistórico estaba en la puerta de su caverna, contemplando el fuego, y llegaba un tigre dientes de sable dispuesto a devorar a toda su tribu, a este hombre sus suprarrenales le segregaban una buena dosis de adrenalina, que le daba fuerza para pelear y matarle. Con el ejercicio físico de la pelea, la adrenalina se consumía, y el hombre, tras un rato de emoción fuerte, poco a poco iba estabilizando sus constantes vitales, y a las pocas horas estaba como nuevo.

Hoy en día no es el tigre dientes de sable el que viene a provocar una descarga de adrenalina. Es nuestro jefe, un compañero de trabajo, la pareja… y, obviamente, no les podemos hacer daño ni salir corriendo. Pese a que, a veces, sea lo que más deseemos hacer. La adrenalina genera los mismos efectos que en el hombre prehistórico. Pero se queda en sangre, pues no la liberamos luchando o huyendo. Volviendo a generarse los mismos efectos cuando recordamos la situación estresante. Esto es, si nos ha sucedido algo con nuestro jefe a las 11 de la mañana, que a duras penas, hemos conseguido equilibrar, y al llegar a nuestro hogar, nuestra pareja nos hace la inocente pregunta de: Que tal tu día cariño? Al recordarlo se vuelven a producir los mismos efectos nefastos en nuestro organismo, el mismo círculo del estrés. Y nos vamos a la cama con esta dosis en nuestro cuerpo. Día tras día. Alterando profundamente el organismo. Y entramos en la espiral de simpaticotonía que tantos problemas nos puede ocasionar.

¿Cómo es útil en estos casos la TERAPIA CRANEOSACRAL BIODINÁMICA? Equilibrando la salud de manera que el organismo sea capaz de auto sanarse, que es lo que hace normalmente en estado de salud. Tenemos un cuerpo físico, sustentado por un cuerpo energético, completado por el mental, el emocional y guiado por el espiritual. Somos seres humanos. Como Seres tenemos en común la Fuente, el Espíritu. Como humanos cada uno tenemos nuestra propia historia personal, historia que se inscribe en nuestro cuerpo físico. Hay partes de esta historia personal que no hemos digerido, asimilado, ni aceptado sanamente, por lo que no hemos aprendido de ellas y no las hemos soltado. Estas partes tienen que ver con la concepción, el nacimiento, experiencias en la primera infancia, adolescencia, madurez,…. Todo esto, al no estar asimilado, se plasma en nuestro cuerpo por medio de tensiones, dolores y enfermedades.

Todos tenemos estos agujeros negros hacia los que, a veces, nos sentimos atraídos, a nuestro pesar, y que nos traen sufrimiento a nuestra vida. Una de estas experiencias de vida no digeridas podría ser este conflicto con el jefe, la pareja o los hijos, que nos generan el estrés y la simpaticotonía.

La TERAPIA CRANEOSACRAL BIODINÁMICA es el arte de acompañar a un Ser humano en un viaje hacia su interior, visitando y dejando marchar distintas experiencias de vida no digeridas, para llegar a un estado de salud completo. Esta terapia puede experimentarse desde el plano físico, apoyando procesos de liberación de tejidos óseos, viscerales o membranosos; facilitando liberaciones emocionales; equilibrando la energía y ayudando a la persona a conectar con su Ser. Todo desde un estado meditativo, respetuoso, entrando en conexión con una profunda fuente de bienestar interior, de Quietud. Es útil para cualquier desajuste físico, emocional o mental, producido por cualquier experiencia de vida no digerida: nacimiento, accidentes, traumas, tensiones mantenidas… Produce un gran bienestar y equilibrio a todos los niveles.

Durante el curso de formación el alumno y futuro terapeuta, además de adquirir información de anatomía, psicología, programación neurolingüística, focussíng y otras técnicas, vivencia experiencias vitales que le dan información sobre sí mismo, sobre sus propias experiencias de vida no digeridas, para después, una vez terminada su formación, pueda ayudar a otras personas apoyándoles en su proceso vital de contactar con su salud, equilibrio y bienestar.
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