Entradas

Sanar el pasado desde el presente

Todos nosotros hemos sufrido en nuestra infancia algún tipo de maltrato, la mayor parte de tipo psicológico y algunas personas también físico. Cada golpe recibido, cada herida es una mella que queda impresa en nuestro cuerpo y en nuestra alma. Dependiendo del tipo de maltrato y de la etapa en la que tuvo lugar, se forjará nuestro carácter y la manera en cómo nos enfrentamos a la vida. Boadella, el creador de la Biosíntesis, nos muestra cómo las tensiones y traumas sufridos ya en la vida intrauterina impiden la integración de las tres corrientes bioenergéticas asociadas con las tres camadas de las células germinativas en el embrión (ectodermo, mesodermo y endodermo), a partir de las cuales se forman los diferentes órganos. Esta falta de integración y de su libre flujo trae como consecuencia ya en esta etapa la aparición de determinados disturbios.

Para Wilhelm Reich el carácter es la historia congelada del paciente, es historia solidificada en el cuerpo. Las experiencias infantiles, los conflictos y traumas importantes, las frustraciones, las represiones y las cargas dejan huellas corporales definidas, se fijan en el organismo. Cada uno de nosotros desarrolla un tipo determinado de coraza como defensa contra los ataques y limitaciones que nos impone el mundo exterior y las consecuencias de esa coraza son, entre otras, la falta de contacto, la insensibilidad y la rigidez de carácter. Para Reich, la coraza es fundamentalmente muscular: el inconsciente está en  los músculos. Nuestros músculos contraídos encierran llanto, rabia, tristeza, impotencia…, por tanto el trabajo terapéutico debe centrarse en la respiración y en el movimiento de manera que el paciente vaya paulatinamente liberando y tomando conciencia de toda la carga emocional que lleva consigo y que le impide mostrar su auténtico yo.

Muchos de nosotros negamos haber sufrido algún tipo de abuso, no solemos recordarlo porque se vuelve inconsciente para que podamos seguir viviendo o incluso los que reconocen haber tenido algún tipo de maltrato no suelen relacionar ese hecho con sus problemas actuales. La mayor parte de las personas acuden a terapia porque sus vidas no les satisfacen, porque establecen con los demás relaciones de dependencia, porque tienen miedo o porque sufren depresión, adicciones o cualquier otro tipo de trastorno. Poco a poco, a medida que se va profundizando en el contacto y en el trabajo terapéutico el paciente descubre que detrás de cada dolencia hay un niño que sufre, que tiene miedo, que lucha para liberarse de una prisión que a día de hoy parece no tener sentido.

Cuando crecemos  en un entorno de abuso nos vemos forzados a reprimir los sentimientos y la expresión de la rabia. Soportar ese dolor en soledad es demasiado duro para nosotros, por eso inconscientemente olvidamos lo que sentimos, reprimimos nuestros recuerdos e incluso idealizamos a los autores de esos abusos como una manera de autodefensa.

Muchas veces nos damos cuenta de que repetimos patrones en nuestra  vida, que no podemos evitar actitudes y conductas que sabemos racionalmente que nos destruyen pero en las que inevitablemente caemos una y otra vez. Freud nos expone en su concepto de  “compulsión a la repetición” cómo  de un modo general lo reprimido intenta “retornar” al presente en forma de sueños, síntomas, actuaciones: “…lo que ha permanecido incomprendido retorna; como alma en pena, no descansa hasta encontrar solución y liberación”.Y es que esa coraza que desarrollamos en la infancia, esos mecanismos de defensa  van en contra de nuestra naturaleza interna. En esos momentos cumplen su función y nos ayudan a  sobrevivir pero más tarde se vuelven en contra nuestra. Inconscientemente repetimos para obtener lo que no tuvimos: si mamá no me dio lo que necesitaba, estaré siempre de alguna manera  dependiente de ella porque hay un niño que todavía cree que puede conseguir lo que no tuvo.

Es de vital  importancia tratar terapéuticamente los trastornos sufridos como consecuencia de ese constante ataque a nuestra verdadera esencia. Como psicoterapeuta corporal considero fundamental proporcionar a mis pacientes   un lugar seguro y confiable donde puedan expresar y aprender a afrontar la realidad de lo que ha sido su infancia, donde puedan admitir sin culpa su sufrimiento infantil. Un espacio donde poder comprender y amigarse con ese niño que fueron, tratando de entender su miedo, su rabia, su impotencia y desde el aquí y ahora poder proporcionarle lo que sus padres no pudieron darle: amor, protección y respeto.

No podemos cambiar nuestro pasado pero si la visión que tenemos de él; tal vez no podamos reparar todo el daño causado pero sí comprenderlo y desde la ACEPTACION recuperar nuestra espontaneidad perdida, nuestra verdadera identidad. Esto nos permitirá continuar nuestro camino con más firmeza, con más libertad y con todo el derecho a defender lo que somos.
Elastic Tits