Movimiento, respiración y consciencia

Integrar mente y cuerpo (y espíritu en algunas corrientes) es el principal interés de las terapias psicocorporales. Tomar consciencia de nuestro propio cuerpo nos ayuda a saber quienes somos, qué queremos, cuales son nuestras necesidades y de qué manera podemos satisfacerlas teniendo en cuenta nuestras propias limitaciones.

En nuestra vida cotidiana y en esta sociedad tan industrializada en la que priva la imagen y el consumismo, nuestro principal foco de atención está dirigido hacia fuera. Casi siempre las necesidades de los demás están por encima de nuestras propias necesidades y aunque cuidemos nuestro aspecto físico (más que nada para que los demás nos vean presentables) y realicemos algún tipo de ejercicio para mantenernos en forma, se trata siempre de un trabajo mecánico, aislado.

Estamos permanentemente divididos (entre el afuera y el adentro, lo bueno y lo malo, la mente y el cuerpo…) y aunque somos un sistema tanto en lo individual como en lo social, en la vida moderna se nos hace muy difícil comprobar esta unidad. Integrar mente y cuerpo (y espíritu en algunas corrientes) es el principal interés de las terapias psicocorporales.

En el análisis bioenergético, Lowenentiende “la personalidad humana en términos del cuerpo y sus procesos energéticos. Estos procesos, a saber, la producción de energía y el metabolismo, y la descarga de energía en el movimiento, son las funciones básicas de la vida”. A través de la adecuada respiración, el masaje y determinados ejercicios corporales se ayuda a la persona a entrar en contacto con sus tensiones y a liberarlas a través de un movimiento adecuado.

Desde la biosíntesis, Boadella nos habla de movimientos que fluyen a partir del deseo interno. El terapeuta se ofrece a continuar y apoyar esos movimientos espontáneos permitiendo que el cuerpo se exprese libremente y no a través de un patrón impuesto desde afuera que puede muchas veces ir en contra de la propia disposición interna. Estos movimientos denominados campos motores, se originan ya en el feto.

El embriólogo alemán Erich Blechschmidt acuñó el concepto de campos embrio dinámicos para describir los distintos campos de fuerza que actúan en el tejido embrionario cuando el cuerpo se está formando durante la morfogénesis y que influyen en el desarrollo de los futuros campos motores.

La base de cualquier trabajo a nivel psicocorporal es siempre una adecuada respiración. La profundidad de ésta es un reflejo de la salud emocional de la persona. Las tensiones musculares limitan la respiración y disminuyen las sensaciones corporales. Como consecuencia de una respiración superficial la persona se siente con falta de vitalidad, angustiada, irritable con una gran tensión interna y con dificultad para alcanzar una plena satisfacción en sus relaciones sexuales. Centrar nuestra atención en la respiración nos ayuda a rebajar la tensión, el dolor, el miedo y a organizar nuestros pensamientos.

Cuando la respiración se profundiza los músculos tensionados comienzan a vibrar espontáneamente. Cada tensión crónica muestra un conflicto emocional que está sin resolver y que fue reprimido por miedo, ira o dolor; hacerlo consciente nos dará la oportunidad de poder superarlo. El cuerpo tiene una profunda sabiduría interna y sabe como deshacer las tensiones. A medida que vamos resolviendo nuestras tensiones, ampliando nuestra capacidad respiratoria y nuestra consciencia corporal, vamos recuperando también nuestra espontaneidad. Esa espontaneidad que algún día tuvimos y que la educación, la imposición social y nuestras vivencias traumáticas se encargaron de mutilar.

El movimiento corporal hecho con consciencia, a través de ejercicios adecuados, aderezados a veces con una música apropiada, y teniendo como base una adecuada respiración, nos amplia nuestra capacidad de sentir y nos permite conocernos internamente. Debe ser un movimiento desde el respeto a nuestro cuerpo, a veces dirigido, a veces más espontáneo pero siempre sin forzar, sin prisas, escuchando lo que la percepción interna nos va indicando. Tomando consciencia de lo que nos pasa internamente podremos conectar con nuestros bloqueos, nuestras zonas de tensión y dolor e ir trabajando a favor del cuerpo, nunca imponiendo sino permitiendo que el movimiento fluya. De esta manera aprenderemos a aceptar nuestras limitaciones y a permitir que poco a poco surja algo nuevo, más profundo, más armónico y más saludable.
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