La terapia corporal integrativa en la Facultad de Psicología de Sevilla

La terapia corporal integrativa en la Facultad de Psicología de Sevilla es una propuesta en la que se aunan la invitación al proceso personal así como la adquisición, experimentación y comprensión de técnicas y abordajes.

Este tipo de terapia busca sino la vivencia del cuerpo como referente último de aprehensión de la realidad personal, el autoconocimiento y el contacto con lo que de más genuino cada ser humano atesoramos generalmente oculto en espasticidades musculares, una respiración superficial y la vivencia del cuerpo como algo ajeno. No obstante, y a pesar de que ése y no otro fue el modo de presentar al alumnado la asignatura en la guía de estudios, el desplazar los pupitres arrinconándolos en las paredes, extender las colchonetas en el suelo, descalzarse y dejarse caer sobre cojines casi a ras de una superficie sobre la que en líneas generales no habían reparado, fue toda una experiencia el primer día de clase tanto para los que por primera vez acometían acciones semejantes como para el que dirigía la experiencia.

Como alumnos de psicología, la mayoría de ellos en cuarto y quinto curso y con edades comprendidas entre los veinte y veinticuatro años, no habían experienciado en ocasión alguna el compartir sus propias vivencias y conflictos emocionales.

Es bien sabido en el ámbito de la psicología humanista que gran parte de los bloqueos emocionales que nos encadenan al sufrimiento tienen su procedencia en los pactos de silencio que la familia de origen o el ámbito más cercano al niño le imponen. Estos se perpetúan a lo largo del tiempo y privan al sujeto de una vida plena.

A medida que compartíamos nuestras cuestiones más íntimas, comenzando por el profesor, un algo inconcreto, quizá jamás asible desde la aséptica investigación científica, comenzó a tomar forma en el aula. Tal vez por ello, algunos de los alumnos que hablaron al final no únicamente hablaban de ésa como de la primera experiencia que al respecto habían tenido sino que afirmaban también sentir que era algo valioso para ellos, tanto el compartirse como el descubrir que ese infierno que habitaban, el infierno de la separación y la falta de contacto con el exterior y con el sí mismo, de la soledad, del sufrimiento sin sentido, en realidad era un lugar ahíto de personas en un mismo camino que anhelaban exactamente lo mismo: la paz, la reconciliación, seguramente y aunque sin saberlo el sentimiento real de pertenencia y unidad.

Tan sólo por ese primer día había merecido la pena todo el esfuerzo y toda la dedicación a la asignatura. En días sucesivos, a todos se nos hizo evidente que la psicología y el cuerpo así como la propia persona y su cuerpo eran dos desconocidos, íntimos más dos desconocidos. La mecanicidad del hábito, la falsa personalidad, van perdiendo lentamente su poder a medida que nos aproximamos al goce real del cuerpo y el sentir se erige en nosotros como ese gran maestro que es, un modo de comprehender la realidad más allá del confinamiento de lo que creemos que somos y no somos y, por ende, más allá de la esclavitud de la razón.

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